Jing Weston lleva más de dos décadas practicando tai chi y ha dedicado la mayor parte de ese tiempo a trabajar con adultos mayores, personas que gestionan enfermedades crónicas y principiantes que llegan al movimiento tarde en la vida y descubren cómo este les cambia. Comenzó con clases grupales en un centro cívico y con el tiempo pasó a trabajar individualmente con personas cuyas limitaciones físicas requerían un enfoque más personalizado: pacientes que se recuperaban de cirugía de reemplazo articular, personas con déficits significativos de equilibrio, adultos en sus ochenta que habían estado inactivos durante años y querían cambiar eso.Su filosofía de enseñanza se basa en una sola convicción: que el cuerpo, a cualquier edad, responde al movimiento apropiado y constante. No a la intervención dramática. No al castigo. Al tipo de práctica lenta, consciente y coordinada con la respiración que el tai chi representa en su esencia. Ha visto confirmada esta convicción demasiadas veces como para tomarla a la ligera.Aporta décadas de atención a cómo se mueven los cuerpos mayores, qué les ayuda y qué no. Este libro es un intento de hacer esa atención accesible para personas que no pueden estar en la misma habitación que ella.Vive con sencillez y practica cada mañana, generalmente antes de que el día haya empezado de verdad.