La formación, el perfeccionamiento y el ejercicio profesional de la medicina es, en todo caso, una verdadera odisea, un viaje largo en el que abundan las peripecias, las frustraciones más adversas y algunas alegrías destinadas siempre a acompañar al sufriente. Este es un viaje aciago e interminable pero aporta conocimiento y comprensión. La medicina tiene más problemas que cualquier actividad y asume sus errores, sus acuerdos y la vivencia emocional de la vida y la tarea vivida.