Como administradora de una residencia de ancianos, he cuidado a todo tipo de pacientes y también he ejercido de mentora, formando a nuevos profesionales en este campo. A nivel personal, he pasado por la pérdida de un padre, he cuidado a mi primer marido mientras luchaba contra el cáncer y he sufrido la pérdida de familiares y amigos que han fallecido. En cada ocasión, Dios me ha ayudado a superarlo y he podido recuperar mi alegría de vivir.