El mundo que conocías fue una excepción histórica.
Durante treinta años creímos que la globalización era irreversible. Que el comercio garantizaba la paz. Que el dólar era intocable. Que las reglas del orden liberal durarían para siempre.
Ese mundo terminó.
Hoy, las cadenas de suministro se convierten en armas. La tecnología es campo de batalla. Estados Unidos y China compiten por la supremacía del siglo XXI. Los bloques económicos resurgen. Las potencias ya no hablan de eficiencia, sino de seguridad.
En El Fin de la Inocencia del Orden Global, se revela la verdad incómoda: el sistema que prometía estabilidad no está colapsando por un enemigo externo. Está cambiando porque sus propias reglas generaron vulnerabilidad y rivalidad estratégica.
No estamos ante una crisis pasajera. Estamos ante una transición histórica.
El orden liberal no ha muerto.
Pero ha dejado de ser inevitable.
Y el mundo que viene será más fragmentado, más competitivo y más impredecible.