Divorcio Energético propone un proceso de ""limpieza progresiva"" orientado a mujeres que se reconocen capaces, pero agotadas: primero identifica el ""peso"" y los residuos acumulados; después enseña una lectura del campo -físico, emocional y relacional- para distinguir lo propio de lo adherido; incorpora la investigación de raíces ancestrales y lealtades inconscientes; y culmina en la convocatoria al corte, concebido como un acto de soberanía, no como ruptura impulsiva. En la parte final, la autora desarrolla un Rito de Continuidad: un modelo de higiene y vigilancia cotidiana que incluye gestión del silencio (cierre del diálogo interno con el otro), depuración del entorno material y digital (curaduría de redes, bloquear como higiene) y ""contabilidad"" de la energía invertida para evitar la reactivación de cadenas y dependencias.